La importancia de tomarse el tiempo para vestir a nuestros hijos

Tomarse tiempo para vestir a los hijos es un buen hábito que influye positivamente en padres y en niños. Por ello, en estas líneas te mostraré por qué es importante tener paciencia en esta tarea cotidiana. Y nos centraremos en los beneficios que puede aportar a distintas edades.

Vestirse con calma, clave en cualquier edad

Si tiramos de refranero popular, hay un consejo que se puede aplicar a este caso: “Vísteme despacio que llevo prisa”. De hecho, como habrás comprobado con tus hijos al igual que yo, los momentos de mayor tensión se producen cuando el tiempo apremia. En cambio, si comienzas a realizar cualquier tarea con la antelación suficiente, la situación es mucho más fácil y menos problemática. E incluso puede resultar propicia para el aprendizaje…

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Vestir a un bebé, un momento para compartir

Vestir a un bebé es, para muchas madres y muchos padres, uno de los mejores momentos del día. Tenerle tumbado boca arriba, frente a frente, facilita un contacto visual donde el intercambio emocional es inevitable. Es un momento perfecto para las risas, para las carantoñas, para las caricias… E incluso para los masajes, sobre todo tras un baño.

Y si estás preparando al pequeño para salir a la calle, tomarse tiempo para vestirle es muy recomendable. De esa manera, se pueden contrarrestar los imprevistos. Por ejemplo, que tu bebé llene un pañal recién puesto. O que manche una prenda después de una toma. Eso obligaría a comenzar de nuevo el proceso y, si no se dispone de tiempo, el agobio romperá la magia y acabará en caos (no me lo han contado mil veces).

Vestir con calma a niños en edad preescolar, para ganar autonomía

La cosa cambia si el pequeño al que vas a vestir tiene entre los 2 y los 6 años. Entonces, el momento de ponerse la ropa es ideal para ir ganando autonomía propia. Pero si no se dispone de tiempo suficiente, sólo provocará frustraciones y prisas, sin dejar lugar al aprendizaje. Se puede empezar con prendas más sencillas. Por ejemplo con los abrigos niña o niño, pues supone sólo el último paso de la tarea. Y a medida que su hija o hijo crece, se pueden introducir otras prendas más difíciles: una camisa o un vestido en que tenga que abrochar botones o subir cremalleras.

En este sentido, el verano es una estación propicia para ello, pues el calor facilita mucho las cosas. Por ejemplo, la salida de la ducha, pues el pequeño se sentirá más a gusto sin frío. Y los padres, más tranquilos por no existir riesgo de resfriarse. Y además, la menor cantidad de prendas a ponerse también ayuda a generar esa ansiada sensación de autonomía.

Vestir a niños grandes, un momento para la complicidad

¿Y qué ocurre una vez que tu hija o hijo haya ganado la mencionada autonomía? Pues que el momento de vestirse puede suponer el mejor momento para la complicidad, especialmente entre madre e hija. Preguntar qué tal sienta una u otra prenda es una situación que se disfruta especialmente cuando hay tiempo y predisposición. Yo disfruto muchísimo y más cuando decide que quiere que nos vistamos iguales jajaja Nos encanta comprarnos camisetas a juego.

Niña jugando con hojas de otoño en el parque Foto gratis

Así se disfrutará al prepararse para acudir a una fiesta con amigos o un encuentro familiar. Los abrigos niña o de niño dan pie a combinaciones diversas en función de algún complemento. Y eso dará pie al deseado intercambio de impresiones.

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