Y en ese momento, me convertí en madre.

Hoy es un día muy especial. Hoy hace 4 años que tuve el grandísimo honor de ser madre por primera vez. Hoy hace 4 años que nació mi pequeño hombrecillo, Isidro. Un pequeñajo que me enseñó lo que es la verdadera felicidad, que me enseñó que nada importa si él está bien, que los problemas se acaban si él me sonríe, que una madre es capaz de todo por un hijo.

Fue un embarazo buenísimo, el parto no tanto. Sólo recuerdo estar agotada y notar como ponían sobre mí a esa pequeña criatura llena de sangre y con las marcas del fórceps. Y ese momento todo el cansancio y el agotamiento se esfumó. Sólo podía ver esa carita y sentir la mano de mi marido apretando la mía.  Ese día empecé esta maravillosa nueva vida.

Es un niño bueno, noble y cariñoso. No puedo estar más orgullosa de él. Se me va haciendo grande poco a poco. Y desde que llegó la pequeñaja de la casa, él se ha centrado en su papel de hermano mayor responsable. Me ayuda con ella, la cuida y la adora.  Y Julia lo adora a él. Se le ilumina la cara al verlo.

En estos 4 años hemos vividos muchas cosas juntos, hemos compartido muchos momentos y muchas risas. Se parece mucho a mí, nos podríamos pasar horas en el sofá recortando cartulinas, leyendo cuentos e inventando historias. Me encanta cuando se despierta por la mañana y me llama. Siempre se hace el dormido para que lo despierte con besos y cosquillas.

Algún día leerá lo que escribo de él en este blog y lo sé porque yo se lo enseñaré (jajajaja), así que hijo, FELICIDADES.

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