Seguro de vida con hijos: la forma más sencilla de protegerlos si un día faltas

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¡Hola! Tener hijos cambia muchas cosas. Cambian tus horarios, tus prioridades, la forma en la que organizas las vacaciones y hasta las cosas que empiezan a preocuparte. Antes podías pensar principalmente en qué ocurriría contigo ante un imprevisto; cuando tienes una familia, inevitablemente aparece otra pregunta: ¿qué pasaría con mis hijos si algún día yo faltara?

No es una cuestión agradable sobre la que pensar, pero tampoco tiene por qué plantearse desde el miedo. Igual que organizamos nuestros ahorros, intentamos tener un pequeño colchón para imprevistos o pensamos en el futuro de nuestros hijos, existen herramientas para proteger económicamente a la familia. Una de ellas es el seguro de vida.

Su función es bastante sencilla: dejar previsto un respaldo económico para las personas que dependen de ti en caso de que tú faltes. Y cuando hay niños o adolescentes en casa, puede tener todavía más sentido planteárselo.

¿Qué pasaría económicamente en casa si tú faltaras?

Muchas veces pensamos en los gastos familiares mes a mes sin pararnos a calcular cuánto dinero necesita realmente una familia para mantener su vida cotidiana durante varios años.

Haz mentalmente la lista: hipoteca o alquiler, alimentación, suministros, ropa, transporte, colegio, actividades extraescolares, material escolar, ocio… Y, según la edad de los hijos, todavía pueden quedar muchos años hasta que sean económicamente independientes.

Ahora piensa qué ocurriría si desapareciera uno de los ingresos de casa.

En una familia en la que trabajan los dos adultos, probablemente habría que reorganizar por completo el presupuesto. Si únicamente entra un sueldo en casa, la situación puede ser todavía más complicada. Y lo mismo ocurre en las familias monoparentales, donde todo el peso económico puede depender de una sola persona.

Además, no debemos pensar únicamente en quién aporta un sueldo. Si uno de los progenitores se ocupa de una parte importante de los cuidados, su ausencia también puede generar nuevos gastos: ayuda para cuidar a los niños, desplazamientos, cambios de horarios o servicios que antes realizaba esa persona.

Por eso, al pensar en la protección familiar, la pregunta importante no es solamente cuánto ganas, sino cuánto dinero necesitaría tu familia para poder seguir adelante manteniendo, en la medida de lo posible, su estabilidad económica.

¿Qué es exactamente un seguro de vida?

Aunque a veces tendemos a meter todos los seguros relacionados con el futuro en el mismo saco, un seguro de vida no es un plan de pensiones, un producto de inversión ni un seguro de decesos.

En términos sencillos, tú contratas un determinado capital y pagas una cuota por tener esa protección. Si se produce el fallecimiento de la persona asegurada dentro de las condiciones establecidas en la póliza, los beneficiarios reciben el capital asegurado.

Los beneficiarios son las personas que se hayan designado en la póliza. Por eso, este es uno de los puntos que conviene revisar con atención al contratar.

La protección básica es la cobertura por fallecimiento. A partir de ahí pueden incorporarse otras garantías. Una especialmente interesante cuando existen personas que dependen económicamente de ti es la invalidez permanente absoluta.

En este caso, no hablamos de que faltes, sino de una situación en la que una enfermedad o accidente te impida de forma permanente ejercer cualquier profesión u oficio. Si tienes contratada esta garantía y se cumplen las condiciones de la póliza, eres tú quien recibe el capital asegurado.

Por eso conviene comprobar exactamente qué garantías estás contratando y no fijarse únicamente en el precio.

¿Cuánto capital necesita una familia con hijos?

Esta probablemente sea una de las preguntas más difíciles: ¿cuánto deberías asegurar?

No existe una cantidad idéntica para todas las familias porque no necesita lo mismo una pareja con dos buenos ingresos y una hipoteca prácticamente pagada que una familia con niños pequeños, un único sueldo y muchos años de préstamo por delante.

Como orientación práctica, puedes empezar calculando entre tres y cinco años de ingresos netos y sumar las deudas importantes que quedarían pendientes, especialmente la hipoteca. También conviene tener en cuenta los gastos futuros de los hijos y una previsión para sus estudios.

Más que buscar una cifra redonda, merece la pena hacerse varias preguntas:

¿Cuánto dinero necesita actualmente la familia cada mes? ¿Qué parte de los ingresos desaparecería? ¿Queda hipoteca u otra deuda importante? ¿Qué edad tienen los hijos? ¿Cuántos años quedan aproximadamente hasta que puedan ser económicamente independientes? ¿Queremos reservar además una cantidad para sus estudios?

Cuanto más pequeños sean los hijos, normalmente mayor será el periodo durante el que necesitarán apoyo económico.

Herramientas como las calculadoras de protección familiar pueden servir para hacer estos números con más perspectiva. En Life5, por ejemplo, puedes calcular el capital y consultar el precio de forma online antes de decidir si te interesa contratar.

¿Por qué planteárselo cuando los hijos son pequeños y no dentro de diez años?

Es fácil dejar este tipo de decisiones para más adelante. Bastantes cosas tenemos ya entre colegios, trabajo, facturas y organización familiar como para añadir otra tarea a la lista.

Sin embargo, en los seguros de vida hay un detalle importante: la edad y el estado de salud influyen en el precio y en las condiciones de contratación.

Por eso no suele tener demasiado sentido pensar: “Ya contrataré uno cuando sea mayor”.

Si tienes claro que quieres disponer de esta protección durante los años en los que tus hijos dependen económicamente de ti, puede ser interesante informarte antes y valorar las opciones disponibles.

Además, las necesidades de una familia no permanecen iguales durante toda la vida.

Cuando los niños son pequeños puedes necesitar un capital elevado porque quedan muchos años por delante. Más adelante quizá hayas reducido considerablemente la hipoteca, tus hijos estén terminando sus estudios o ya sean independientes y puedas replantearte el capital que necesitas.

La clave es que el seguro pueda adaptarse a tu situación y no contratarlo para olvidarte de él durante décadas.

Cómo elegir un seguro de vida sin volverte loca

Si empiezas a buscar información, probablemente encontrarás términos, garantías y condiciones que pueden hacer que algo bastante sencillo parezca mucho más complicado.

Yo me fijaría especialmente en cinco cuestiones.

1. Que el capital sea suficiente. Un seguro barato sirve de poco si la cantidad asegurada no responde a las necesidades reales de tu familia. Antes de contratar, haz números teniendo en cuenta ingresos, deudas y años de dependencia de tus hijos.

2. Revisa quiénes son los beneficiarios. Comprueba quién recibiría el capital y asegúrate de que la designación coincide con lo que realmente quieres.

3. Valora la invalidez permanente absoluta. No solo existe el riesgo de perder un ingreso porque una persona falte. También puede producirse una situación que le impida trabajar de manera permanente. Es importante comprobar si esta garantía está incluida o puede añadirse.

4. Busca un proceso de contratación sencillo. Actualmente existen seguros que pueden gestionarse completamente online. En Life5, por ejemplo, el proceso es 100 % online y en la mayoría de los casos no requiere pruebas médicas, aunque sí tendrás que responder a las preguntas correspondientes sobre tu salud.

5. Comprueba si existe permanencia. Nuestra vida cambia y también pueden hacerlo nuestras necesidades económicas. Es interesante poder modificar o cancelar una póliza sin penalización si tu situación cambia.

Por ejemplo, Life5 reúne precisamente estas características y permite hacer una primera estimación online. Su seguro de vida parte desde 3 €/mes, aunque el precio concreto depende de las circunstancias de cada persona y del capital y las garantías elegidas.

En su calculadora online puedes calcular tu precio en unos 2 minutos. Para recibir la propuesta tendrás que facilitar un email y un teléfono y, a partir de ahí, podrás valorar si el precio y la protección encajan con lo que buscas.

Proteger a nuestros hijos también es pensar en estas cosas

Cuando hablamos de cuidar a nuestros hijos solemos pensar en todo lo que hacemos diariamente: ayudarles con los estudios, llevarles a sus actividades, intentar que coman bien, pasar tiempo juntos, enseñarles a desenvolverse solos o ahorrar pensando en su futuro.

Pero la protección familiar también tiene una parte económica.

No podemos prever todo lo que va a suceder dentro de diez o veinte años. Lo que sí podemos hacer es organizar determinadas cosas para que un imprevisto tenga el menor impacto posible sobre nuestros hijos.

Antes de contratar, haz números, revisa las coberturas, calcula qué capital necesitaría realmente tu familia y lee las condiciones de la póliza. Y, sobre todo, piensa en vuestra situación concreta, porque las necesidades de una familia con niños pequeños pueden ser muy diferentes de las de otra cuyos hijos están a punto de independizarse.

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Soy madre, economista, profesora de economía y bloguera. En este blog escribo sobre mis andanzas como madre, ocio, manualidades, juegos, imprimibles y todo lo que se me pasa por la mente. Aunque todos los que siguen el blog me llaman Julia, la que da nombre al blog  era mi bisabuela, una gran persona y maestra.

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