Cuento corto infantil: El árbol impaciente( Aprendemos a tener paciencia)

Erase una vez un gran árbol conocido por todo el prado como Sami. Sami era un árbol muy bonito pero siempre quería lucir unas hojas perfectas y muy verdes, así como unas hermosas flores rosas.  El granjero que lo cuidaba siempre le explicaba que no podía estar siempre lleno de flores. Le contaba que hay cuatro estaciones y que en cada una iría cambiando. En verano se secaría por el calor, en otoño se le caerían las hojas, en invierno pasaría mucho frío, pero cuando llegase la primavera… sería un gran árbol con hermosas flores.

Pero a Sami, aquello no le convencía. Quería las flores ya. Se pasaba el día diciendo:

“Granjeroooooooo, échame más agua que quiero mis flores ya”

El granjero se lo volvía a explicar, pero el árbol era muy impaciente y no quería entender lo que le contaban.

Cada día igual, cada día gritando y pidiendo agua y más agua. El granjero se enfadó y le dijo:

“Muy bien. Si tú quieres te pondré agua cada vez que la pidas”. Y así hizo.

Al cabo de dos semanas, el árbol estaba más feo y triste que nunca.

“Granjeroooooooo ¿Qué me pasa? No salen las flores y cada vez mis ramas están más caídas” Dijo el árbol.

El granjero le explicó que tanto sol le había secado las hojas, y tanta agua le había estropeado las raíces. Le dijo que hay que ser pacientes, y que las cosas llegarán cuando tengan que llegar. Que no por querer correr, las cosas saldrán mejor.

Así que el árbol hizo caso a lo que le decía el granjero. Cuando llegó la primavera, Sami se convirtió en el árbol más frondoso y bonito de todo el prado.

 

Fuente imagen: Imagui

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